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Sáb, 16/11/2019 - 11:27

La situación de Chile: “No son 30 pesos, son 30 años”

Entrevista a Ignacio Vidaurrázaga Manríquez periodista y ex militante del MIR

Es muy probable que quienes estén leyendo esta nota hayan ido a Chile en los últimos años a  hacer compras o pasear a un país bellísimo en su geografía y estable en sus buenos precios. Es muy probable también, que, como todo el mundo (chilenos incluidos), se hayan sorprendido  por la irrupción social que se desencadenó a raíz del aumento de la tarifa del Metro (Subte) en 30 pesos, elequivalente a 3 pesos argentinos.

“¡Evadir, no pagar, otro modo de luchar!”, gritaban los estudiantes cuando desencadenaron la protesta social que desató la ola de marchas, cacerolazos y resistencia que aún sacude al vecino país. Pero según los analistas, el alza del transporte fue solo la chispa que encendió la pradera en ese territorio “oasis de estabilidad”, como lo había definido apenas unos días antes su presidente, el archimillonario Sebastián Piñera, ante las marchas en Ecuador.

La explicación está en años de injusticia y desigualdad que llevaron al hartazgo a la mayoría de los 18 millones de chilenos. Según datos de la Cepal, existe una alta concentración de la riqueza, que se expresa en que el 50% de la población es dueña de un 2,1% de la riqueza neta del país. Mientras el 10 % más rico es dueño del 66,5%, el 1% más privilegiado es dueño del 26,5%. En este último segmento está el presidente Piñera.

A pesar de eso, a simple vista nada advertía lo que estaba por pasar.Desde la recuperación de la democracia, en marzo de 1990, tras 17 años de dictadura, hasta avanzada la década del 2000, el país aumentó su ingreso per cápita y bajó la pobreza.

VIVIR ENDEUDADO

La emergente clase media accedió a bienes a costa de endeudarse en un país con bastante estabilidad y empezó a vivir del crédito, al mismo tiempo que el Estado se retiraba cada vez más de las regulaciones y de su rol de mediador en la sociedad. A la ausencia del

Estado habría que sumar la falta de una dirigencia política que canalizara esa tremenda demanda social por la redistribución. Por ello el malestar, presente en las capas subterráneas de la sociedad, no afloraba a superficie ni se expresaba en las elecciones, ya que en

Chile votar es voluntario y apenas el 40 por ciento del electorado ejerce ese derecho. Eso fue generando una inmensa desconexión entre las élites y el resto de la sociedad, que hoy se jubila pensiones muy inferiores a su sueldo. Además, en el país “modelo” se han detectado colusiones de precios en empresas de servicios y artículos esenciales, como farmacias o papel higiénico, mientras los funcionarios y políticos, con sueldos y privilegios envidiables, miraban para un costado. Así se fue construyendo una sociedad donde se naturalizó que cada uno saliera adelante a punta del esfuerzo personal, donde salud y educación dependen de la capacidad de compra de cada uno.

Hasta que llegó el hastío colectivo. Y, literalmente, saltó Chile por los aires.

El presidente Piñera reaccionó diciendo que “estamos en guerra contra un enemigo poderoso” y sacó nuevamente los militares a la calle, en un país que aún tienen vivo la pesadilla de 17 años deterrorismo de Estado ejercido por los uniformados. La primera dama, Cecilia Morel, se sinceró hablando de invasión alienígena y llamó a su círculo a compartir un poco de sus excesivos privilegios.

En la Argentina, el senador Pichetto, compañero de fórmula de Mauricio Macri en su candidatura presidencial, hizo evaluaciones similares, acusando a Cuba y Venezuela de lo que ocurre en Chile. Al igual que el pequeño canciller Faurie.

Pese a la violenta represión y al toque de queda, con un saldo de decenas de muertos, centenares de heridos, miles de detenidos, lamayoría de los cuales han sido torturados, Chile sigue en la calle, protestando.

“Nos quitaron tantas cosas que nos quitaron hasta el miedo”, reza una de las tantas consignas que explica esta protesta. Para entender un poco más lo que ocurre en el país vecino hoy, Aerogremial conversó con el periodista y ex militante del MIR, Ignacio Vidaurrázaga Manríquez, quien explicó que tras “más de dos semanas desde el 18 de octubre, desde ese primer salto del molinete del Metro de Santiago, luego de 23 muertes, cerca de diez mil detenidos y más de un millar de heridos, además de abusos y violaciones, el gobierno de Piñera, con su respaldo policial y empresarial revela, que la protesta social para configurar una Asamblea Constituyente tendrá antes que obtener su destitución como Presidente”.

El analista expresó que no hay normalidad en ningún ámbito: “está suspendida la educación en diversos niveles, también un porcentaje del comercio y del transporte. Todos los días, nuevos sectores sociales y laborales se integran a la protesta”.

CUMBRES SUSPENDIDAS

Recordó que incluso el gobierno trasandino debió suspender dos importantes cumbres internacionales que se realizarían en noviembre y diciembre, “y resintió fuerte los costos del estallido social. Piñera no es un presidente cualquiera, sino uno de los multimillonarios más importantes de Chile y es a esos intereses a los que responde de manera prioritaria”.

-Se pensó que con el anuncio de medidas sociales y el cambio de gabinete, la salida del ministro de Interior, responsable de la represión, la movilización social disminuiría, ¿qué paso?

-Ni las tibias medidas de la denominada “agenda social” ni el cambio de gabinete representan nada de los intereses y demandas de la ciudadanía incorporada a marchas, barricadas, cabildos, cacerolazos,inasistencia al trabajo o simplemente uso de sus redes sociales.

Todas, formas de expresar el descontento acumulado. A esta altura no hay duda que es una energía contenida desde el tiempo de la dictadura y son las deudas de la transición, que cuestiona el rol de los grandes medios de comunicación, escritos y televisivos  por manipuladores, sesgados y alineados con el gobierno y la criminalización de la protesta. También se pone en evidencia laimpunidad de ayer en las violaciones a los DD.HH.

-¿Qué salida ve a esta crisis?

- Repetir condenas fáciles es criminalizar a miles de jóvenes que en las calles han enfrentado con piedras las armas de los piquetes policiales y militares. Eso a estas alturas es no hacerse cargo de que estamos sobre un polvorín acumulado en mucho tiempo. Es la sumade las deudas y atropellos de los años de la dictadura más los de la transición, sus colusiones y abusos. No hay ningún espacio de la vida nacional que pueda cerrar su puerta a esta primavera de Chile. “Está en juego el predominio de lo público y para eso debe retroceder la apropiación de Chile por una minoría rica respaldada por una Constitución ilegitima de origen (dictada por Pinochet). Por tanto, la superación de la crisis de gobernabilidad actual está abierta en un espectro muy significativo. Desde que pueda ser escamoteada toda laenergía y quedar replegada en su latencia hasta que se abran caminos institucionales de consulta o plebiscito ciudadano o de apertura de una Asamblea Constituyente de mayor o menor consistencia. Lo único que no veo posible es que Chile pueda ser retrocedido al 17 de octubre, el día previo a esta masiva movilización. Lo otro que queda claro es que el gobierno de Piñera está agotado porque tiene un espacio cada vez más reducido de actuación y movimiento. Ha perdido su   legitimidad y está a la defensiva”.